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40% de las incorporaciones ejecutivas fallan en los primeros 18 meses

  • Writer: RODRIGO LORCA
    RODRIGO LORCA
  • Jul 21
  • 3 min read

El problema rara vez es solo el candidato. Con frecuencia, la organización contrata un currículum y deja solo al ejecutivo frente a un sistema que no estaba preparado para recibirlo.

Por Rodrigo Lorca, Partner – Talent Solutions & Delivery, AZENAS · Lectura 7 min


Una incorporación ejecutiva no fracasa el día en que se desvincula a una persona. Fracasa mucho antes: cuando la estrategia era ambigua, el mandato no estaba alineado, los actores clave esperaban cosas distintas y nadie se hizo responsable de integrar al nuevo líder.


La cifra del 40% no debe leerse como una ley matemática aplicable a todas las empresas. Sí funciona como una alerta seria. SHRM ha citado investigaciones que sitúan el fracaso de transiciones ejecutivas alrededor de ese nivel durante los primeros 18 meses. Harvard Business Review ha publicado estimaciones aún más duras: cerca de la mitad de los nuevos líderes decepciona o falla en ese mismo período. La discusión importante no es si el número exacto es 40%, 46% o 50%. La discusión es por qué las compañías siguen tratando una decisión de alto impacto como si terminara con la firma del contrato.


La contratación termina. La transición recién comienza.


Para un CEO, una incorporación ejecutiva es una apuesta sobre ejecución futura. Para un CFO, es capital comprometido. Para un CHRO, es reputación, continuidad y capacidad organizacional. Para un CCO, puede significar la diferencia entre capturar un mercado o perder dos ciclos comerciales.

Sin embargo, muchas empresas concentran casi toda su energía en atraer y evaluar. Después de la aceptación de la oferta, el rigor cae. El onboarding se reduce a agenda, organigrama, presentaciones y acceso a sistemas. Eso sirve para entrar a la empresa; no necesariamente para entrar al negocio.


Dónde se rompe una incorporación ejecutiva

  • Mandato difuso: el directorio, el CEO y el equipo esperan resultados distintos.

  • Éxito mal definido: se pide transformar, pero se premia no incomodar.

  • Contexto incompleto: el ejecutivo recibe datos, pero no la historia política y cultural que explica esos datos.

  • Poder informal invisible: el organigrama muestra cargos; no muestra influencia.

  • Velocidad equivocada: se exige impacto inmediato, pero no se habilitan decisiones ni recursos.

  • Falta de sponsorship: todos apoyan el nombramiento, pero nadie protege la transición.


El error más cómodo es culpar al ejecutivo. A veces corresponde. Hay personas que exageran capacidades, subestiman la cultura o no logran adaptar su liderazgo. Pero una empresa madura también se pregunta si diseñó correctamente el rol, si calibró las expectativas y si creó las condiciones para ejecutar.


La pregunta de negocio no es "¿nos gustó el candidato?"

La pregunta correcta es: ¿esta persona puede producir los resultados requeridos en este contexto específico, con este equipo, este nivel de autonomía y estas restricciones? Esa pregunta obliga a conectar estrategia, estructura, cultura y liderazgo.

Una selección ejecutiva rigurosa debe comenzar antes del perfil. Primero se define el problema de negocio. Después se traduce ese problema en resultados esperados, capacidades críticas, tensiones del rol y riesgos de adaptación. Recién entonces se busca a la persona.

En los procesos que hemos liderado, la integración también se diseña, no se improvisa. Los primeros 100 días no pueden depender solo de la intuición del nuevo líder: incluyen un mapa de stakeholders, acuerdos explícitos de éxito, hitos de decisión, escucha estructurada, feedback temprano y una revisión honesta de las brechas entre la promesa de contratación y la realidad operativa.


Tres preguntas para la mesa ejecutiva

  • ¿Podemos explicar en una página qué debe cambiar en el negocio gracias a esta incorporación?

  • ¿El nuevo ejecutivo recibirá autoridad real, o solo responsabilidad visible?

  • ¿Quién será dueño de su integración durante los primeros seis meses?


Punto de vista AZENAS

Una contratación ejecutiva no es un proceso de RR.HH. con impacto en el negocio. Es una decisión de negocio ejecutada con herramientas de talento. Cuando esa lógica se invierte, la organización deja de seleccionar por trayectoria y empieza a elegir por capacidad de producir resultados en un contexto real.

El objetivo no es eliminar todo riesgo. Eso sería imposible. El objetivo es identificarlo, hacerlo visible y administrarlo antes de que se transforme en pérdida de tiempo, confianza y capacidad de ejecución.


¿Tiene una posición ejecutiva crítica en juego? Conversemos sobre cómo diseñamos el mandato y la integración antes de salir a buscar candidatos.


Links internos sugeridos

Fuentes y bibliografía

SHRM. "Executive Onboarding Lessons from Presidential Transitions" (2016). Referencia a investigaciones que sitúan cerca de 40% de las transiciones ejecutivas fallidas en 18 meses.

Harvard Business Review. "Why New Leaders Should Make Decisions Slowly" (2019). Señala que 74% de los nuevos líderes se siente poco preparado y que cerca de la mitad decepciona o falla en 18 meses.

Harvard Business Review. "The Biggest Mistakes New Executives Make" (2017).

SHRM. "Onboarding New Employees: Maximizing Success".

Center for Creative Leadership. "Executive Integration: Equipping Transitioning Leaders for Success".

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